Privacidad y comunidad

Privacidad y comunidad

Uno de los principios más importantes de Oasis es la libertad de elegir entre privacidad y compañía.

El proyecto sí necesita una comunidad. Sin personas, no es posible debatir la idea, comprobar si hay interés, buscar ubicaciones, reunir conocimientos especializados, encontrar socios y avanzar poco a poco hacia la realización de los primeros lugares. Pero eso no significa que los futuros Oasis deban convertirse en una comuna obligatoria o en un espacio donde todos tengan que llevar una vida social.

Oasis no se basa en la presión ni en un modelo colectivo «para todos». Propone un entorno en el que cada persona pueda elegir cuánto contacto, participación y comunicación necesita.

Algunas personas quieren tranquilidad, silencio, una casa propia, vistas a la naturaleza y una interacción mínima con los demás. Otras prefieren estar cerca de la gente, debatir ideas, participar en actividades, trabajar en un espacio compartido, conocer personas y crear proyectos. Ambos estilos deberían ser bienvenidos.

Ahora hace falta una comunidad para hacer realidad el proyecto

En esta etapa, la comunidad es ante todo una herramienta para crear el proyecto.

Hace falta encontrar a personas cercanas a la idea de Oasis: personas que entiendan el valor de contar con lugares tranquilos, bonitos y bien pensados para vivir, descansar, trabajar y recuperarse; que aprecien la conexión con la naturaleza, la privacidad, un entorno de calidad y un ritmo de vida más libre.

Pero simpatizar con la idea no basta. Para que el proyecto se convierta en una realidad física, hacen falta distintos papeles y formas de participar:

  • personas que quieran seguir el desarrollo y debatir el concepto;
  • futuros residentes o huéspedes;
  • arquitectos, diseñadores, urbanistas y especialistas en diseño de entornos;
  • abogados, especialistas financieros, promotores inmobiliarios y gestores;
  • personas con experiencia en turismo, hostelería, construcción e inmobiliaria;
  • socios locales en distintos países;
  • inversores y emprendedores;
  • personas que puedan proponer ubicaciones, contactos, conocimientos o una mirada crítica.

La comunidad no tiene que ser grande. En la primera etapa importan más la calidad del diálogo, la comprensión del espíritu del proyecto, la disposición a pensar de forma práctica y la capacidad de ayudar a concretar el concepto que el número de personas.

La comunidad no implica una vida social obligatoria

Es importante no confundir dos cosas.

Por un lado está la comunidad de personas que ayuda a poner en marcha el proyecto. Por otro, la vida social en los futuros lugares. Son aspectos relacionados, pero no son lo mismo.

Participar en el debate sobre el proyecto no significa que, cuando Oasis exista, una persona tenga que asistir a reuniones, participar en eventos, vivir «a la vista de todos» o relacionarse constantemente con sus vecinos. En el lugar debería ser posible relacionarse, pero no obligatorio.

Esto importa porque la idea de Oasis puede atraer no solo a personas extrovertidas o que buscan un entorno muy social. También puede interesar a quienes están cansados del ruido, la densidad y el contacto constante, y necesitan espacio propio.

Oasis debería ser un buen lugar tanto para relacionarse como para estar a solas.

La privacidad forma parte de la calidad del entorno

La privacidad no es un lujo ni una forma de aislarse del mundo. Es una cualidad básica del entorno que influye mucho en la tranquilidad de las personas.

En Oasis, la privacidad podría expresarse de distintas maneras:

  • distancia suficiente entre las casas o viviendas;
  • ubicación bien pensada de las ventanas, las terrazas y las entradas;
  • evitar que las personas sientan que están constantemente a la vista;
  • posibilidad de trabajar, descansar y vivir sin ruido innecesario;
  • límites claros entre los espacios personales y los compartidos;
  • respeto por el silencio;
  • ausencia de presión para participar en actividades comunes;
  • posibilidad de recibir visitas o estar a solas sin tener que dar explicaciones.

Si la privacidad no se tiene en cuenta desde el inicio del proyecto, es difícil incorporarla después. Por eso debería ser uno de los criterios para elegir el terreno, diseñar las casas, planificar las zonas comunes y establecer las normas de convivencia.

Los espacios comunes deben ser útiles, no impuestos

Oasis podría contar con zonas compartidas: un espacio de coworking, una cafetería pequeña, un jardín, una piscina, un taller, una sala para actividades, un espacio infantil, un lugar para reunirse o una cocina común. Pero su propósito no sería obligar a todos a estar juntos.

Los espacios comunes funcionan bien cuando son realmente útiles y agradables. Cada persona puede acudir si quiere: para trabajar, conocer gente, reunirse, hacer deporte, organizar una cena, debatir una idea, ver una película, impartir una actividad o simplemente cambiar de ambiente.

Pero nadie debería sentirse «un participante inadecuado» del proyecto por no necesitar esos espacios.

Lo ideal es que la infraestructura común amplíe la libertad de elección en vez de sustituir el espacio personal.

Los distintos Oasis pueden tener distintos niveles de vida social

Como Oasis se concibe como una red, cada lugar podría tener su propio carácter.

Un Oasis podría parecerse a un espacio de retiro: tranquilidad, casas privadas, pocos eventos y énfasis en recuperarse y estar a solas.

Otro podría tener un perfil más orientado al trabajo y al emprendimiento: coworking, reuniones, debates, lanzamiento de proyectos e intercambio de experiencias.

Un tercero podría estar pensado para familias: niños, un entorno seguro, actividades educativas, un ritmo tranquilo e infraestructura para estancias largas.

Un cuarto podría acercarse a una residencia creativa, con talleres, sesiones prácticas, eventos y proyectos compartidos.

Lo esencial es comunicar de antemano las expectativas de cada lugar con honestidad. Así cada persona podrá elegir el Oasis que le convenga en vez de encontrarse en un entorno que le exija un estilo de vida que no desea.

Sin sectas, clubes cerrados ni presión ideológica

Es muy importante que Oasis no parezca ni se perciba como una secta, un club cerrado o un movimiento ideológico.

El proyecto puede tener una filosofía, pero no una doctrina. Puede tener una comunidad, pero no ejercer presión. Puede compartir un ambiente, pero no exigir que todos sean iguales.

Las personas pueden tener opiniones, hábitos, niveles de participación y estilos de vida distintos. No hay que encajarlas en un molde único. Basta con que respeten el espacio, los límites de los demás, la naturaleza, las normas de cada lugar y el espíritu general de un entorno tranquilo y de calidad.

Oasis no debería exigir a nadie que «deje de ser quien es» para formar parte del proyecto.

También hacen falta límites y normas

Que la comunicación sea voluntaria no significa que no haya normas.

Al contrario: para que funcionen la privacidad y la libertad de elegir, hacen falta límites claros. Por ejemplo, horarios de silencio y normas sobre el uso de las zonas comunes, las visitas, los animales, los niños, los eventos, el alquiler, el ruido, la seguridad, la limpieza, el entorno natural y la comunidad local que rodea Oasis.

Las normas deberían proteger el ambiente del lugar, no controlar la vida de las personas.

Su propósito sería que quien viene buscando tranquilidad pueda encontrarla y que quien quiere relacionarse pueda hacerlo en el espacio y el formato adecuados, sin vulnerar los límites personales de los demás.

Cómo podría funcionar en la práctica

En la práctica, podría haber varios niveles de participación.

El primer nivel sería simplemente vivir o descansar en Oasis y utilizar la propia casa o vivienda, la naturaleza, la infraestructura y los servicios. La interacción con otras personas podría ser mínima.

El segundo nivel sería utilizar los espacios compartidos: coworking, cafetería, jardín o zonas deportivas y creativas. Esto permitiría estar en contacto con el entorno sin requerir una participación activa.

El tercer nivel sería participar en eventos, reuniones, debates, proyectos compartidos e iniciativas locales.

El cuarto nivel sería ayudar a desarrollar el propio proyecto: proponer ideas, participar en la organización, invertir, aportar conocimientos especializados, crear nuevos formatos o ayudar a poner en marcha otros Oasis.

Cada persona puede elegir cualquier nivel y cambiarlo con el tiempo. Hoy puede necesitar tranquilidad; dentro de un mes, compañía; y al cabo de un año, participar en el desarrollo, o al revés. Es normal.

Por qué el equilibrio importa más que los extremos

Si se priorizara únicamente la privacidad, Oasis podría convertirse en un conjunto de propiedades bonitas, sin una idea viva ni personas que ayuden a desarrollar el proyecto.

Si se priorizara únicamente la comunidad, se correría el riesgo de crear un entorno social invasivo que alejara a quienes necesitan tranquilidad y espacio personal.

Por eso hace falta equilibrio.

La comunidad ayuda a que el proyecto nazca y se desarrolle. La privacidad hace que los futuros lugares sean realmente adecuados para vivir y recuperarse. Los espacios comunes permiten encontrarse. Los espacios personales permiten ser uno mismo.

Oasis debería reunir todos estos elementos sin imponerlos.

En resumen

Oasis necesita una comunidad para hacerse realidad. Pero los lugares Oasis, cuando existan, no deberían imponer una vida social obligatoria.

Ahora, la comunidad es una forma de reunir a personas, ideas, experiencia, conocimientos y recursos para llevar adelante el proyecto. En los futuros lugares, la privacidad será una de las cualidades clave del entorno.

Un buen Oasis debería permitir que cada persona elija: estar a solas, estar con otras personas, participar en eventos, ayudar al proyecto o simplemente vivir en un lugar tranquilo y bonito.

Esta libertad de elección es lo que hace saludable el concepto. Distingue Oasis de una comuna, una secta, un club cerrado o cualquier otro proyecto que ofrezca a las personas un modelo de conducta en vez de un entorno donde vivir.